Beneficios de una Nueva Masculinidad

Smashers, empiezo por desearles un buen inicio de año. Quiero arrancar este año con un blog post dedicado a las masculinidades ya que acaba de pasar diciembre que es un mes lleno de emociones y sentimientos, pero cuya expresión solo es permitida en las mujeres ya que en los hombres puede llegar a ser símbolo de debilidad.

Vivía en la ignorancia sobre las implicaciones de las masculinidades hasta que empecé a visibilizar situaciones que eran supuestamente “naturales”. Al lograr desnaturalizar conceptos y deconstruir las características de género es como las pude comprender. Voy a abordar la masculinidad[1] sin la intención de generalizar pues siempre habrá casos distintos y contextos diferentes. Escribo bajo mi propia experiencia y percepción de cómo yo he visto la masculinidad desde mi contexto y qué es aquello que considero se podría ganar con una nueva masculinidad.

La masculinidad hegemónica[2], es decir, la masculinidad modelo que prevalece en mi contexto, es aquella caracterizada por el hombre blanco, heterosexual, atlético, poderoso, fuerte, exitoso, valiente, inteligente, astuto y sobre todo aquel hombre que no está relacionado con alguna connotación supuestamente “femenina” como el trabajo en el hogar y en los cuidados, la expresión de emociones, sentimientos, y miedos, entre otros. Por ejemplo, patrones de hegemonía claros son estructuras e instituciones rodeadas de competencia y jerarquía como las competencias deportivas donde la destreza deportiva es una clara prueba de masculinidad (Connell, 2015).  Estas características son algunas que definen y que marcan de cierta manera la vida de los hombres y que los estructuran en un mundo rodeado por la competencia de alcanzar dicha masculinidad. Hay que tomar en cuenta que “aquellos que rechazan el patrón hegemónico tienen que luchar por encontrar una salida (o negociarla)” (Connell, 2015, pág. 67) para así poder ser aceptados, reconocidos y respaldados en la sociedad.

Considero que, en la lucha por la equidad de género ha faltado difundir con más ímpetu cuáles son las ventajas y beneficios que los hombres pueden obtener en esta misión. Los privilegios son invisibles para aquellos que los tienen, y si bien es cierto que existen privilegios por el hecho de ser hombre, también existen privilegios por el hecho de ser mujer. No voy a adentrar en quien tiene cuáles privilegios y quien tiene más privilegios, más bien me voy a concentrar en dos de los privilegios que tienen las mujeres que los hombres no. Los privilegios a los cuales me refiero son: a) la libertad en la expresión de sentimientos y de emociones; b) el respaldo social al dedicarse al cuidado de seres queridos.  

La fortaleza de los hombres se da por hecho.  Los hombres están construidos para sufrir sin poder llorar, disfrazando su angustia, sus miedos y sus ganas de decir “ya no puedo más” en estrés, pero muchas veces el reflejo en sus ojos no puede mentir. Viven en un mundo de competencia donde quebrarse implica una derrota porque tienen la necesidad de aparentar seguridad y fortaleza frente a su familia, amigos y las personas que los rodean. Pocos hombres tienen un confidente para expresar sus sentimientos. Viven en un mundo paralelo donde difícilmente abren sus sentimientos con su pareja, familia y amigos con tal de demostrar su masculinidad y de pretender tener todo bajo control en la carrera hacia el éxito. Están moldeados de tal manera que ante su perspectiva (y también ante aquella de algunas mujeres) la expresión de sentimientos es símbolo de debilidad. Los hombres pierden mucho al dejar de llorar empezando por no poderse desahogar y con ello poder sanar su alma.

Debemos reeducar a la sociedad y buscar la autenticidad, honestidad y sinceridad en los hombres en cuanto a la expresión de sus sentimientos y de sus emociones. En realidad, los hombres no es que sientan menos, o sean menos complicados, más bien es una fortaleza “fabricada” pues todas las personas tienen emociones, sentimientos y frustraciones, y tienen el derecho y la libertad de expresarlos. Las mujeres no es que seamos más sentimentales porque así nacimos, más bien, así se nos enseñó que podíamos ser.  La expresión de sentimientos no hace a las personas ni más ni menos hombre y ni más ni menos mujer, aunque ante los ojos de la sociedad desafortunadamente lo llegase a ser. ¡Qué pesado debe ser tener que mantener siempre una fortaleza y difícilmente poder rendirse y quebrarse! Pero es esta la forma en la que han sido educados, avergonzándose por toda aquella relación hacia características supuestamente “femeninas”.

Este es un gran privilegio que tenemos las mujeres, el poder llorar y expresar nuestros sentimientos, a pesar de que nos llamen chillonas, complicadas, berrinchudas, sentimentales, sensibles, o cualquier otra etiqueta que se nos atañe que juzgue la manera de expresar nuestros sentimientos. A pesar de todo ello, no cambiaría nunca la libertad de poder hacerlo.

El segundo beneficio que tenemos las mujeres es tener la “aprobación social” de dedicarnos al cuidado de seres queridos. La lucha de equidad de género se ha concentrado mucho en la repartición de los cuidados y en la división sexual del trabajo, pues dentro del patriarcado a los hombres se les fue asignado las posiciones de poder que generan dinero dentro del mundo capitalista (lo público) y a las mujeres se nos fue designado las tareas de cuidados (lo privado). Como principio, a ninguna persona se le debe de asignar un rol, más bien el rol que cada uno adquiera debe de ser un derecho de elección. Habrá personas que quieran trabajar en el medio laboral y habrá otras que prefieren ejercer trabajos de cuidados sean remunerados o no. Como personas tenemos que tener la opción sobre qué queremos hacer de nuestra vida sin que nuestra actividad sea comprometida por el sexo con el que nacimos.

El trabajo de los cuidados puede o no ser remunerado, pero desde mi punto de vista es gratificante y se compensa al tener la gran ventaja de ver a tus hijos crecer y de pasar la mayor parte con ellos, o a tus abuelos envejecer y poderlos acompañar en sus últimos días, o disfrutar a tus papas y estar con ellos cuando más te necesitan. Definitivamente este amor y conexión entre mamá-papá-hijos-familia es algo que llena el corazón y no debiera estar socialmente mal visto cuando hombres elijan hacerlo ni tampoco cuando las mujeres no lo elijan y prefieran dedicarse a trabajar en alguna organización, cada persona es única y tiene el derecho a elegir.

En este mismo tema, si se compartieran los cuidados entre hombres y mujeres también se compartirían las responsabilidades económicas por lo que se aligerarían cargas, estrés y frustraciones en ambos. Ahora, definitivamente se dice muy fácil y la realidad es que no lo es, pues hoy en día hacen falta medidas y políticas públicas y privadas que efectivamente permitan que las actividades del hogar y económicas de una familia puedan ser balanceadas y compartidas sin tener que sacrificar alguna responsabilidad.

Si no quedaba claro los hombres sí ganan en la equidad, es definitivamente un juego de ganar-ganar. Todos podemos ganar al tener la opción de elegir y no tener que cumplir con roles asignados no deseados ni con estereotipos impuestos para que seas “respetado” como hombre y “aceptada” como mujer. A pesar de que los hombres están en una posición de privilegio la cual es invisible, también tienen invisibilizado lo que podrían ganar al ceder parte de ese privilegio y al luchar por la equidad. Al reconocer los beneficios en la apertura al espacio emocional y al espacio privado, podrían ganar ser auténticos y vivir conforme a lo que sienten sin pretender ni encasillarse en estereotipos de género.

Hablando de una nueva masculinidad, el día de hoy ya vemos a hombres involucrados en el hogar y en su familia y que respaldan el crecimiento profesional y éxitos de su pareja. Por lo menos en mi alrededor, no he visto ninguna disminución en la hombría de aquellos que viven esta nueva masculinidad, al contrario, he visto un goce personal al estar con sus hijos y su familia y una conexión emocional que a lo mejor muchos otros no experimentaron. Espero que día a día esta nueva masculinidad trascienda para que aquellos que la vivan puedan ser quienes inauguren políticas públicas y prácticas empresariales que la respalden y que incentiven la responsabilidad compartida y roles flexibles entre hombres y mujeres para poder así lograr un mundo de equidad.

Smashers sinceramente, ¿no les encantaría repartir tiempos para estar en casa con sus hijos y repartir carga económica?; ¿se sentirían liberados al expresar cualquier clase de sentimiento y emoción?; ¿les gustaría olvidar tener que encajar en un molde social, dejar de lado la competencia y ser capaces de reconocer fracasos?; ¿viven en paz según la forma en cómo les enseñaron que se debían comportar?; ¿son auténticos o actúan conforme a lo que se espera de ustedes?; ¿imaginemos que no existieran los prejuicios, se comportarían igual?; ¿las mujeres respaldan esta masculinidad?; ¿cómo queremos vivir?; ¿cómo queremos educar y qué le queremos enseñar a nuestros hijos e hijas?.

Necesitamos reflexionar sobre nuestras limitaciones como humano, sobre cómo estamos formulados para crear historias de los demás muchas veces afirmando una realidad que no es la nuestra y emitimos prejuicios. Sin embargo, este nivel de conciencia de nuestras limitaciones como humanos lo tenemos que trabajar y propagar para evitar que tanto hombres como mujeres tomemos decisiones sobre el otro, sobre su cuerpo y sobre su mente cuando no hemos experimentado su propia realidad. Todo esto se resume en que como humanos tenemos que dejar vivir la autonomía, demostrar respeto, ser empáticos y reconocer al otro como persona y abrirnos a un mundo de diversidad. Podemos desde cierta forma ser influenciados o impactados por decisiones de otros, sin embargo, las experiencias y mente de cada persona son distintas y la forma de vivir le pertenece a cada quien.

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[1] La masculinidad es una construcción social sobre cómo deben de ser y cómo se deben de comportar los hombres y sólo existe en contraste con la feminidad. Está ligada al poder y la resistencia al cambio se podría explicar por esto mismo (Connell, 2015) . “La masculinidad no es solo una idea de alguien ni una identidad personal. Se extiende a lo largo de todo el mundo y se mezcla con relaciones sociales” (Connell, 2015, pág. 58), es decir, existen múltiples masculinidades y varían según cada contexto.

[2] La masculinidad hegemónica es aquella forma de masculinidad aceptada socialmente, es decir, una masculinidad “modelo” que prevalece y que domina a otras masculinidades y es variable de acuerdo a los contextos y al tiempo (Connell, 2015).

Referencias

Connell, R. (2015). Masculinidades (2° edición en español ed.). México: Universidad Nacional Autónoma de México Programa Universitario de Estudios de Género.

 

Momento de Unión- La Sororidad

Es momento que nos unamos como mujeres, como mexicanas y veamos las unas por las otras.

Decidí escribir este post después de que sucedieran algunos acontecimientos que han demostraron la vulnerabilidad de nuestro género que desafortunadamente ha sido heredada de nuestra cultura y sociedad. A pesar de que deberíamos de ser percibidas de la misma manera que los hombres, la realidad es otra. En esta realidad que vivimos, las mujeres tenemos una gran herramienta desaprovechada, la sororidad, la cual es un ideal que necesitamos perseguir todas las mujeres para poder contar con un escudo protector que nos ayude a enfrentar las injusticias y defender nuestros derechos.

El concepto de sororidad (sisterhood) nació alrededor de los años 70’s entre los movimientos feministas radicales en los Estados Unidos. Es un concepto que significa hermandad entre las mujeres. Esta hermandad se desarrolla al generar vínculos y unión entre las mujeres basados en la igualdad y solidaridad, al reconocer la vida, creencias y experiencias de las “otras” mujeres y al empatizar destruyendo prejuicios. La sororidad entiende que hay que buscar un bienestar general de la mujer.

Ahora, desde mi experiencia, ¿cómo he vivido la sororidad?

Les quiero contar cómo yo he experimentado la sororidad desde mi contexto y desde mi vida para ejemplificar cómo desde la vida de cada mujer se puede sentir y desarrollar la sororidad. Quiero resaltar que ésta es mi propia realidad y no quiero en ningún momento que resulte como algo generalizador ya que cada mujer vivirá una experiencia y un contexto distinto.

Como muchas mujeres, he atravesado diferentes etapas en mi vida. Quiero entonces mostrarles desde mi perspectiva cómo he vivido la sororidad en las siguientes etapas de:
– Mujer trabajadora: Mujer soltera y sin hijos que recibe un ingreso por su trabajo.
– Esposa trabajadora: Mujer casada y sin hijos que recibe un ingreso por su trabajo.
– Madre-esposa trabajadora: Mujer casada y con hijos que recibe un ingreso por su trabajo.
– Madre-esposa: Mujer casada y con hijos y se dedica a los cuidados sin ser remunerada.
– Madre-esposa emprendedora: Mujer casada y con hijos que recibe un ingreso por su trabajo como emprendedora.

Mujer trabajadora: Mujer soltera y sin hijos que recibe un ingreso por su trabajo.

Definitivamente siendo mujer trabajadora vives en una posición de privilegio frente a las mujeres esposas o madre-esposas. En esta etapa encuentras una menor discriminación en medios laborales y tienes la independencia y la autonomía suficiente para usar tus ingresos en lo que mejor creas conveniente.

Hace más de 10 años que viví esta etapa, pero recuerdo que nunca me cuestioné sobre si los problemas de las mujeres esposas y madre-esposas eran mis problemas, si sus derechos eran mis derechos y si la apertura de sus oportunidades iba a ser también la apertura de las mías. En este momento estaba tan metida en mi propia cosmovisión y en mi propio ser, que dejé de ver las necesidades de las demás y juzgué a otras que no compartían mi situación. Claramente no corría el concepto de sororidad en mí al existir una falta de empatía, solidaridad y hermandad hacia las demás.

Esposa trabajadora: Mujer casada y sin hijos que recibe un ingreso por su trabajo.

En esta etapa de esposa trabajadora sigue prevaleciendo una posición de privilegio frente a las madres o madre-esposas, pero en una menor proporción que aquella de la mujer trabajadora. La razón de esto es que las esposas trabajadoras empiezan a luchar contra los roles impuestos por la sociedad porque su trabajo es percibido como “opcional” ya que supuestamente tienen esposos capaces de mantenerlas por lo que se vuelven susceptible a ser juzgadas.

En esta etapa se empiezan a sufrir discriminaciones laborales ya que en ocasiones se prefiere recompensar a hombres casados por las responsabilidades implícitas que conllevan. El matrimonio representa en hombres una causa de crecimiento laboral mientras que en las mujeres una causa de estancamiento. Sin embargo, las esposas trabajadoras de igual forma pueden seguir experimentando una independencia y autonomía económica.

Cuando fui una esposa trabajadora, tenía completa empatía con otras mujeres trabajadoras pues ya había cruzado por esa etapa, pero también empecé a sentir más empatía por las madres y madre-esposas pues ya veía más cercano dar lo establecido como “el siguiente paso” del matrimonio, los hijos. Por esto último, creo que el sentimiento de sororidad empezaba a cruzar ligeramente por mi mente, pero seguía siendo prácticamente invisible.

Madre-esposa trabajadora: Mujer casada y con hijos que recibe un ingreso por su trabajo.

Momento crítico donde toda especie de sororidad está fuera de alcance. La madre-esposa trabajadora es la posición más castigada a nivel organizacional ya que sufre la mayor discriminación. Este rol de madre-esposa trabajadora va en contra de los roles sociales establecidos en la sociedad, incluso llegando a etiquetar a la mujer como “madre desnaturalizada” pues a pesar de tener la “opción” de dejar de trabajar y cuidar a sus hijos o hijas, decide no hacerlo, esto claro ante los ojos de unos cuantos.

En esta etapa me sentía completamente identificada con otras madre-esposas trabajadoras y estaba dispuesta incluso a lanzarme como toda una activista de los derechos de la mujer. Estaba convencida de que mis luchas eran las luchas del resto de mujeres incluso las del otro bando, las que eran madre y esposa sin trabajo remunerado, que en esos momentos desde mi lugar creía que “no hacían nada y sólo cuidaban hijos”. Pero dentro de mí, existía la esperanza de abrirles el paso a estas madre-esposas para que pudieran trabajar en algo de provecho pues erróneamente pensaba que los cuidados no generaban nada de valor.

Desde otro ángulo, empecé a percibir la escasez de sororidad en mi alrededor y me di cuenta que también las madre-esposas buscaban una salvación para las madre-esposas trabajadoras pues ante su mirada era esencial rescatar “los hijos descuidados” y liberar a las madre-esposas trabajadoras del “tener que trabajar”.

Sin duda, en este momento de mi vida que fue el primero en donde me pregunté ¿qué pasa con las mujeres? y ¿por qué no manifestamos en conjunto nuestra inconformidad?, me di cuenta de los mundos tan alejados que vivimos unas mujeres de otras y esto es sólo viéndolo bajo mi perspectiva y contexto, ahora imaginemos lo que habrá fuera de ello.

Madre-esposa: Mujer casada y con hijos y se dedica a los cuidados sin ser remunerada.

Cuando formé parte de esta etapa, comencé a comprender lo que realmente era la sororidad. El motivo fue que por fin entendí a todas esas madre-esposas y el trabajo no remunerado que hacen, así mismo tenía una perspectiva más amplia sobre los distintos momentos de la mujer, los beneficios y las desventajas.

Cuando fui madre-esposa y no recibía ninguna clase de ingreso empecé a cambiar radicalmente mi concepto de lo que implicaba y lo que era el trabajo no remunerado de los cuidados. Es increíble la cantidad de horas que se invierten en el tema de casa y cuidados y lo desvalorizado que es. En este momento logré conectar con este nuevo grupo de mujeres al cual pertenecía, pero al mismo tiempo empecé a defender a las madres trabajadoras (esposas o no esposas) frente a los juicios de otras mujeres. A pesar de que en mí nació por completo este sentimiento de sororidad, era una pena ver que en mi alrededor seguía invisible y algunas mujeres seguían divididas y velando por sus propios intereses. Me encantaría pensar que esto hoy en día es diferente, pero desde mi vivencia la división continúa.

Madre-esposa emprendedora: Mujer casada y con hijos que recibe un ingreso por su trabajo como emprendedora.

Finalmente, siendo madre-esposa emprendedora con tiempos flexibles es muy fácil conciliar las diferencias entre los diferentes grupos de mujeres y de valorar la importancia de la sororidad, sin embargo, esta hermandad entre mujeres es un valor difícil de difundir porque para vivirlo se debe ceder parte de la individualidad.

Y entonces, ¿qué podemos hacer para vivir en sororidad?

Sororidad es dejar juicios atrás y ser empática con la otra, es apoyarnos y cuidarnos como hermanas. Es romper con todas las etapas o barreras que cruzamos como mujer enfocándonos y estando conscientes que nuestra unión es nuestro género, no nuestro contexto o situación. Este único género tiene derechos particulares que nos competen a todas simplemente por el hecho de ser mujeres.

Necesitamos perder la individualidad y buscar esta colectividad y al lograr esta colectividad es como entenderemos nuestro género. Por ejemplo, recordemos movimientos feministas que lograron cosas como el derecho al voto, que hoy en día agradecemos el activismo de unas cuantas que su visión rebasó su propia individualidad y se concentró en la colectividad peleando por los derechos de las mujeres.

Debemos empezar cada una desde nuestro lugar, contagiando célula por célula de esta sororidad, pero ir creciendo hasta abarcar a todas las mujeres mexicanas en todos los contextos, velar por nuestros derechos y por nosotras, apoyarnos, cuidarnos, unificarnos y sentir a la otra como si fuera una misma. Esto es la sororidad, generar hermandad simplemente por pertenecer al mismo género. Creo que al lograr esta sororidad basada en el amor, respeto, igualdad y comprensión seremos capaces de terminar con la violencia, discriminación y la separación.

Y tú, ¿qué puedes hacer para vivir y contagiar sororidad?

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Los asuntos de las mujeres me pertenecen

#YoLoVivo #Libertad #MePertenece #NoEsAsuntoDeMujeres #JusticiaParaNosotras #NiUnaMenos #NiUnaMas #LesvyMarayTodasLasDemás #SiMeMuero #MiCasaEsTuCasa #JuntasPodemos #EsPersonal

Quiero manifestar mi indignación y tristeza por los actos de violencia de género de los que hemos sido testigos. Nos está rebasando la inseguridad y la falta de libertad, pero en lugar de sentirnos impotentes creo que hay cosas que podemos hacer para mejorar este pesar. Empecemos por entender el origen de la violencia contra las mujeres que surge por el simple hecho de ser mujer.

Desde mi punto de vista, esta violencia es fruto de dos factores clave: género e impunidad.

Recordemos que género son los constructos sociales que determinan lo que es lo propio de una mujer y lo propio de un hombre. Algunos ejemplos de ello son que las mujeres se vistan de rosa y los hombres de azul, que las mujeres nacen para ser mamás y los hombres proveedores económicos de los hogares, que las mujeres no deben de salir solas de noche, que los hombres no deben llorar, que las mujeres deben de sacrificarse por amor, que los hombres deben mantener su honor y muchos ejemplos más que escuchamos día con día y que son culturales, aprendidos y perpetuos.

¿Pero cómo se explican las diferencias de género y la subordinación de las mujeres?

Las diferencias de género se pueden explicar desde diferentes posturas por ejemplo una de ellas es la tradicional. Esta postura menciona que la dominación masculina, la división del trabajo y los roles sociales son factores naturales que nacen de la diferencia entre la biología del hombre y de la mujer (hombres fuertes, agresivos, cazadores, guerreros; mujeres vulnerables, indefensas, débiles, madres, cuidadoras) (Lerner, 1990). Sin embargo, existen distintas investigaciones que han dado a conocer que los atributos de los hombres y de las mujeres varían entre culturas y sociedades por lo que las características femeninas y masculinas no podrían ser heredadas por la biología.

Por otro lado, la subordinación de la mujer se explica también por el patriarcado que es un sistema político, ideológico y social de opresión que está basado en el androcentrismo. En palabras muy sencillas el patriarcado se fundamenta en la idea de una “figura paterna” dominante, opresora, encargada del cuidado y protección de la mujer por percibirla débil e inferior. El androcentrismo (el hombre es el centro del mundo) respalda el patriarcado y prescribe normas androcéntricas, es decir, normas escritas por hombres y para los hombres.

Por todo esto, el trato de la mujer es distinto al hombre y somos percibidas como seres inferiores y subordinados. Las mujeres nos lo hemos creído y lo respaldamos. Por ejemplo, existen actos benevolentes en el patriarcado androcéntrico que a muchas mujeres en el fondo nos gustan como el cuidado y la protección de la mujer.

Sin embargo, desde esta inferioridad surge la hostilidad, la dominación, la opresión, la subordinación y el supuesto derecho y poder que los hombres tienen sobre nosotras. Todos estos atributos se pueden combinar con la crueldad, maldad e inseguridad de algunos hombres que solo están esperando encontrar alguna oportunidad de someter a mujeres a través de la violencia y la coerción. La violencia se ejecuta porque la mujer es tratada como objeto y sin valor como ser humano.

Y la impunidad, ¿qué papel juega?

Existen investigaciones que dicen que es más probable que las personas adopten una conducta o comportamiento (positivo o negativo) si saben que hay más personas que lo están haciendo (Bohnet, 2016; Cialdini, y otros, 2006; Cialdini, Reno, & Kallgren, 1990). Desde mi punto de vista, cuando se trate de comportamientos negativos las personas se podrían sentir menos culpables cuando otros u otras estén actuando de la misma manera.

Ha habido una difusión encarecida en los medios de comunicación sobre esta violencia de género, la cual me parece imprescindible porque no debemos de callar. Sin embargo, mi hipótesis la cual preocupa es que hombres perversos que buscan abusar de las mujeres se podrían sentir motivados a actuar al saber que también hay otros hombres ejecutando actos de violencia hacia las mujeres pues compartirían con ellos el sentimiento de culpa y delegarían responsabilidad moral. Si a esto se le suma, que existe completa impunidad de estos actos pues qué mejor para estos hombres criminales que aprovechar la oportunidad perfecta de cero castigo, pues no existe justicia penal alguna y se les quita un peso de encima al saber que no son los únicos cometiendo dichos crímenes. Claramente, si se difundiera en los medios de comunicación los castigos que existen de cero tolerancia hacia la violencia de género y se expresara el buen comportamiento y apoyo de muchos otros hombres, pienso que la violencia de género podría disminuir.

El problema de esta impunidad también es que está respaldada en normas androcéntricas y que algunos gobernantes piensan que este tema les pertenece solo a las mujeres. Aquí es donde nos perjudica que existan tan pocas mujeres en puestos de poder que puedan interceder por todas las de su género.

¿Qué podemos hacer nosotras y todos aquellos hombres feministas desde nuestra posición y lugar?

1. Educarse en género y dispersar esta educación a su alrededor. Motivar a que las escuelas y medios de comunicación lo hagan también.
2. Escoger conscientemente y detalladamente a quienes nos gobiernan, saber qué nos ofrecen y qué propuestas feministas tienen dentro de su agenda.
3. Cuidarnos entre las mujeres y recibir el apoyo de los hombres, buscar la sororidad y vivir en ella. Dejar juicios atrás, solidarizarnos y unirnos.
4. Empujar por la equidad de género para que las mujeres sean tratadas como personas y no como seres inferiores.
5. Manifestarnos en contra de la impunidad y a favor de la cero tolerancia hacia la violencia de género.

Sigamos manifestando nuestra inconformidad, pero de una manera proactiva para que cada quien ponga su granito de arena y así lograr un cambio en nuestro país. Éste es un tema personal que nos compete a todas y todos porque formamos este mundo y somos parte de él. La violencia de género no es un asunto aislado ni un hecho privado y no podemos ser indiferentes a ello por lo que debemos de actuar.

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Referencias
Bohnet, I. (2016). Shaping Norms. En I. Bohnet, What Works (págs. 245-246). London: The Belknap Press of Harvard University Press.
Cialdini, R. B., Demaine, L. J., Sagarin, B. J., Barrett, D. W., Rhoads, K., & Winter, P. L. (2006). Managing Social Norms for Persuasive Impact. Social Influence, 1, 3-15.
Cialdini, R. B., Reno, R. R., & Kallgren, C. A. (1990). A Focus Theory of Normative Conduct: Recycling the Concept of Norms to Reduce Littering in Public Places. Journal of Personality and Social Psychology, 58, 1015-1026.
Lerner, G. (1990). Los Orígenes. En G. Lerner, La Creación del Patriarcado (págs. 33-38). Barcelona: Editorial Crítica. Recuperado el 18 de Septiembre de 2017, de repositorio.ciem.ucr.ac.cr/bitstream/123456789/126/1/RCIEM109.pdf

 

¡México no te olvides, recuerda!

#FuerzaMexico #OrgullosaDeSerMexicana #MéxicoNoTeOlvides

Con pocos ánimos estoy escribiendo este blog post, con un corazón apachurrado, con un nerviosismo y una intranquilidad constante, con una angustia que me da poco espacio de respirar y pensar. Sin embargo, sé que escribir estas líneas y ayudar al otro será la forma en cómo yo podré sanar. Cada quien vivió el temblor de diferente manera y cada mente atravesó por diferentes situaciones y pensamientos, seguramente anhelando estar con aquellos que más les importaba o a lo mejor deseando tener una nueva oportunidad para corregir errores.

Quiero empezar diciendo lo orgullosa que estoy de ser una Millennial Mexicana. Estoy profundamente emocionada y conmovida de ver cómo en estos días se borraron todas las barreras de clases sociales, de género, de sexo, de poder, de raza, de nacionalidades, de religión, de edad y cualquier otra barrera que había habitado entre nosotros. Fuimos capaces de reconocer al otro como igual, como ser humano.

Desafortunadamente, me llena de tristeza que sólo un desastre como éste tuvo que haber pasado para que reaccionáramos y realmente lográramos conectar y empatizar con el otro. Me llena de tristeza ver el tiempo desperdiciado, lo que hemos dejado de hacer y las energías que erróneamente hemos desviado por estar enfocados en aquello que hoy sabemos no vale. Hoy sabemos lo valioso que es la búsqueda incansable de momentos y personas que llenan nuestra vida y nos hacen feliz. Me duele haber estado inmersos en trabajos interminables, en un mundo capitalista y en un sentido de poder y competencia ocasionando ceguera al no permitirnos ver la vida y olvidándonos del amor por el otro y del amor por vivir.

Agradezco la oportunidad de reconocer lo valioso que es tener vida, de estar a salvo y sobre todo que aquellos que amo también lo estén. La tragedia que nuestro país vive es un hecho que me conmocionó enormemente y me llevó a concientizar sobre la importancia de ayudar a los demás como cada uno pueda, como cada uno recupere su tranquilidad y como cada uno pueda agradecer la oportunidad de vivir. Este hecho me hizo darme cuenta de lo vulnerable que somos frente a la naturaleza, me permitió desprenderme de aquellas cosas no valiosas, pero al mismo tiempo hizo que me aferrara a lo que más quiero en esta vida que es mi familia y sobre todo esas personitas que dependen en gran parte de mí. Ahora mi preocupación y sufrimiento es el desprendimiento y la angustia de dejarlos ir.

Nuestra sociedad logró unirse, logró crear una unión entre los jóvenes nunca antes vista, logró sentir el sufrimiento del otro y logró encontrar una satisfacción personal de darlo todo por alguien más. Afloró el ser humano de cada quien, lo cual me dejó ver una sociedad que a mis 35 años no conocía.

Por eso el mensaje de este blog post es México no te olvides, recuerda cada uno de estos momentos. Recuerda seguir viendo los unos por los otros con empatía, compasión y amor. Recuerda estos sentimientos de unidad, de lucha, de ver y de respetar al otro como persona, de vivir en un mundo donde la hermandad es lo que vale, donde lo que realmente se disfruta es desprenderse para dar. Recuerda que ya somos vulnerables ante la naturaleza no nos hagas aún más vulnerables frente a la inseguridad. Recuerda a las mujeres en esta lucha y lo mucho que podemos contribuir, no nos hagas menos ni nos agredas. Recuerda cómo las clases sociales no existen y cómo de un segundo a otro te puedes quedar sin nada, pero seguirás siendo persona. Recuerda que cada quien tiene su propia identidad, pero la identidad que nos une es la de ser mexicanos. Recuerda cómo la religión y las nacionalidades quedaron desplazadas solo por ayudar a una nación. Recuerda cómo el trabajo y el dinero no lo es todo, pero sí lo es abrazar y querer. Recuerda cómo hoy México es de los Millennials que luchan por una causa social, pero sin dejar atrás a los demás. Recuerda la plenitud que sentimos al entregarnos por el otro y la manera en cómo juntos podemos dar y ayudar más. No olvidemos este sentimiento, recuperemos esta unidad, reconozcamos a cada persona y persigamos continuamente este objetivo de unión e inclusión de nuestro México.

Todos los afectados del sismo están profundamente en mis oraciones.

#MexicoTeQuiero

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Visión Nublada de la Realidad

La semana pasada, tuve la oportunidad de ir al encuentro de Malala en el Tec de Monterrey Campus Santa Fe donde había aproximadamente 1,100 personas en su mayoría Millennials. En este blog post me enfocaré en analizar críticamente este encuentro bajo una perspectiva de género y en mencionar qué pasó por desapercibido debido a una visión nublada de la realidad.

La visita de Malala en México fue parte del #GirlsPowerTrip organizado por Malala Fund cuya finalidad es conocer a niñas alrededor del mundo y pelear por sus derechos a través del acceso a la educación. Podríamos decir que los esfuerzos de Malala básicamente están centrados en dos aspectos: las niñas y la educación.

Bajo este entendido, ¿qué hubieran esperado en un encuentro así?

En primer lugar, pienso que Malala es una mujer que inspira y una líder del feminismo por romper estructuras ideológicas que favorecen los derechos de las niñas. Asimismo, aplaudo que instituciones como el Tec de Monterrey convoquen activistas por los derechos de la mujer, no esperaba menos de mi Alma Mater a la cual me enorgullece pertenecer.

Sin embargo, me parece que el encuentro se enfocó en solo una de las causas de Malala, la educación, y no se le dio la importancia necesaria a su lucha por los derechos de las niñas. En el Tec de Monterrey se mencionó que la educación es derecho de todos, no solo de unos cuantos, con lo cual definitivamente concuerdo. Creo que el encuentro de Malala se direccionó por este camino enfatizando que los jóvenes en general, no sólo mujeres, deben de tener acceso a la educación y que la falta de recursos económicos no debe de ser una limitación para ello. En este sentido el Tec de Monterrey apoya a la educación del talento mexicano a través de programas y becas lo cual me parece admirable.

Desde mi punto de vista, creo que lo que hizo falta escuchar es cuál es el rol de las universidades en la consecución de la equidad de género y en garantizar que se respeten los derechos de la mujer. En nuestro país, las mujeres tienen garantizado el derecho a la educación, aunque, según el último Censo de Población y Vivienda realizado por el INEGI, existen más mujeres sin escolaridad y menos mujeres con estudios a nivel superior (INEGI, 2010), lo cual considero que es un punto importante a destacar.

Pero, ¿cuál es el rol de las instituciones académicas en el compromiso con la equidad de género?

Primero, hay que tomar en cuenta que las escuelas y universidades son unas incubadoras de identidad (Sánchez Bello, 2006) y son una fuente principal de construcción de cultura, ya que interactúan diferentes aspectos de socialización como la familia, las creencias, los valores y la religión de cada individuo por lo que se vuelve un centro puro de diversidad (Miyares, 2006).

Segundo, las escuelas y universidades son un espacio neutro donde las diferencias conviven alrededor de un fin común, la educación.

Considerando entonces que las escuelas y universidades deben de ser un centro de convivencia neutro, inclusivo y diverso y que moldean a los individuos, quedaría por demás decir que son actores primordiales en la transformación de la sociedad (Sánchez Bello, 2006).

Las instituciones académicas se deben de cuestionar la falta de representación de mujeres en la educación, en carreras definidas “masculinas” por ser dominadas por hombres como lo son Ingeniería, Matemáticas, Ciencias y Tecnología y posteriormente en puestos de alta dirección. Las instituciones académicas deben analizar qué se necesita hacer a nivel educación para impactar positivamente la brecha de género. Pienso que se debe empezar por incluir dentro de los distintos programas, contenidos educativos con una verdadera perspectiva de género.

Las instituciones académicas estimulan la formación de un criterio en los estudiantes a través de las distintas enseñanzas y vivencias, pero esta formación de criterio se vuelve parcial si las escuelas, universidades y cualquier otra institución académica dejan de lado formar a los estudiantes en temas sociales, que es en donde entrarían los estudios de género. Si la educación está nublada por la falta de contenidos educativos con perspectiva de género, la manera de ver al mundo no será la misma. Es necesario dar una educación con perspectiva de género para enseñar los derechos tanto de hombres como de mujeres y su condición de igualdad como sujetos, así como dar bases contundentes para la deconstrucción de los roles de género impuestos en la sociedad (Miyares, 2006; Sánchez Bello, 2006).

Por ello mismo, es necesario colocar dentro de los programas académicos no solo conocimientos científicos sino contenidos sociales ambos con perspectiva de género para cubrir todos los aspectos de desarrollo humano y aprender a vivir en sociedad (Sánchez Bello, 2006).

Parte de la educación con perspectiva de género requiere moldear los contenidos educativos para que se visibilicen las contribuciones de las mujeres (Miyares, 2006) y así las alumnas puedan asociar a mujeres dentro de sus propias carreras y adquieran estos modelos a seguir que son fundamentales para su adaptación en el medio laboral y para la elección de su profesión.

Se abre entonces la ventana para que las instituciones académicas de este país, se cuestionen la importancia de los estudios de género, como parte del curriculum formal de los distintos programas. Asimismo, evaluar el curriculum oculto, es decir, todo aquello que permea de manera implícita en los salones a través de discursos y prácticas que introyectan los roles de la mujer y del hombre establecidos en la sociedad y que lo único que hacen es cultivar más las diferencias entre hombres y mujeres. Es irrefutable que debe existir una conciencia plena en el personal académico en este aspecto para darse cuenta de sus sesgos y estereotipos impregnados.

Las escuelas y universidades son organizaciones clave para la ruptura de estereotipos, normas y órdenes sociales y deben brindar la capacidad crítica a los estudiantes para buscar su autonomía y poder de elección (Miyares, 2006). Los individuos deberán de ser libres y autónomos en ejecutar su poder de elección, pero si no se imparte una educación con perspectiva de género, entonces ¿cómo es posible tener libertad, autonomía y elección con una visión nublada o parcial de la realidad?

 

Referencias

INEGI. (2010). Censo de Población y Vivienda . Recuperado el 3 de septiembre de 2017, de INEGI: http://www3.inegi.org.mx/sistemas/sisept/Default.aspx?t=medu09&s=est&c=35006
Miyares, A. (2006). Multiculturalismo, coeducación y ciudadanía. En R. Cobo, Interculturalidad, feminismo y educación (págs. 42-45,49,50). Madrid: Catarata.
Sánchez Bello, A. (2006). La identidad de género en el marco de la escuela intercultural. En R. Cobo, Interculturalidad, feminismo y educación (págs. 57,63-65). Madrid: Catarata.

 

Smashing Minds’ Journey

 

¿Alguna vez han decidido por ti? ¿Algunas personas no han valorado tus pensamientos? ¿Te has visto topado o topada en el medio laboral por ser diferente a la mayoría? ¿De repente no encajas en los roles establecidos por la sociedad? ¿Quieres reinventar el mundo? Si alguna respuesta a estas preguntas es afirmativa, conectarás con Smashing Minds.

Estoy muy emocionada porque éste es mi primer blog post escrito para Smashing Minds. Me llena de orgullo ver que después de muchos años y esfuerzos, Smashing Minds ahora es una realidad.

En este blog van a poder encontrar distintos temas relacionados con la diversidad, que más adelante irán descubriendo; sin embargo, quise empezar por contarles qué fue lo que me llevó a fundar Smashing Minds para que esto sirva como un puente de enlace entre ustedes, Smashers, Smashing Minds, y yo.

Si tuviera que mencionar en pocas palabras por qué decidí crear Smashing Minds, diría primero por ser mujer y mamá, segundo, por vivir una lucha latente entre lo que es “lo propio” para una mujer contra lo que realmente quería, y por último, por sentirme topada por barreras invisibles existentes en la sociedad y organizaciones que no me permitían ser. Me di cuenta que para poder ser auténtica se requería de una transformación integral en donde participaran la sociedad y las organizaciones, pero el cambio debía nacer desde la mente de los individuos.

Teniendo dos adorables hijas, decidí emprender este viaje y tratar de inventar una nueva sociedad donde mis niñas y el resto de las niñas y mujeres de México, puedan ser quienes quieran ser, sin tener que estar limitadas por cumplir con aquello que se espera en una mujer o con un rol establecido. A pesar de que esta historia nació siendo un movimiento enfocado al empoderamiento y crecimiento de la mujer, posteriormente se concretó en un movimiento no solo de mujeres, sino también de hombres, para buscar juntos la prosperidad del individuo y de la sociedad.

La inspiración para este proyecto la obtuve de mi propia experiencia cuando era empleada y de las distintas experiencias de mis amigas en la misma situación. Nos encontrábamos topadas o bien adheridas a unos pisos pegajosos que no nos permitían crecer dentro de nuestras organizaciones, no por falta de resultados, sino por ser frenadas por unas mentes envueltas en estereotipos y paradigmas y por pertenecer a una minoría muy castigada, las madres trabajadoras (cabe mencionar que el concepto de padres trabajadores es inexistente). Fui testigo de episodios de discriminación y falta de equidad, que fueron justificados desde el discurso del cuidado y protección hacia la mujer fundados en un sexismo benevolente muy sutil, el cual puede ser igual o más dañino que el sexismo hostil.

Sin embargo, este pesar no se acababa en la oficina, sino que me perseguía fuera de ella. La dualidad entre ser mamá y profesionista seguía chocando una y otra vez generando un sentimiento de culpabilidad constante, debido en gran parte a la falta de apoyo en las escuelas hacia las mamás que trabajan. Empezando por los horarios escolares que son tan reducidos (sobre todo a nivel preescolar) que si acaso permiten trabajos de medio día (que difícilmente se encuentran). Adicionalmente, se organizan una serie de eventos familiares entre semana en horarios laborables y de frecuencia recurrente. Estas situaciones escolares lo único que hacen es reafirmar lo difícil que es vivir como mujer esta dualidad e incentivar la búsqueda constante de cumplir con roles asignados y supuestamente “naturales”.

Completamente empoderada, quise actuar y buscar un cambio pues tal como lo expresó la actriz y activista Emma Watson en el discurso de lanzamiento de la campaña “HeforShe” organizada por ONU Mujeres “Si no soy yo, ¿quién?, si no es ahora, ¿cuándo?” (2014).

Decidí dejar las quejas a un lado y desplazar mi carrera financiera, para empezar a estudiar y a investigar sobre la diversidad, género, neurociencias, psicología, sociología, en fin, sobre diferentes temas y disciplinas que sabía me ayudarían a mover este mundo hacia algo mejor. Decidí no solo enfocarme en las mujeres, sino también en los hombres pues a pesar de ellos haber nacido en una situación de privilegio, se encuentran en gran desventaja en la expresión de sus sentimientos, en la responsabilidad de mantener la economía de su familia y en la ocupación de trabajos peligrosos. Creo que los roles impuestos a los hombres son tan pesados, que los ahogan, solo es cuestión de imaginar lo que se sentirá portar una máscara que reprima sentimientos, perderse de momentos familiares por cumplir con largas jornadas de trabajo y velar por mantener el bienestar económico de la familia. Ellos también necesitan una liberación de roles, prejuicios, sesgos, paradigmas y estereotipos para poder respirar y vivir.

Entre más conocía e investigaba el tema, más me daba cuenta de lo inmersos que estábamos en este juego social; sin embargo, también aprendí que la fijación de estereotipos y sesgos es algo automático que hace nuestra mente. Nuestro deber está en detectar esta forma natural de construcción de estereotipos y prejuicios para ser capaces de romperlos. Necesitamos aprender cómo funciona nuestra mente para poder combatir los sesgos inconscientes que tenemos. Pero para ello, es necesario tener esta información a la mano de una forma fácil y simple para poder generar conciencia y lograr actuar en víspera de una nueva sociedad.

Smashing Minds inicia entonces como un movimiento social para generar conciencia y que se manifieste en un cambio de actitudes, conductas y comportamientos que promuevan valorar el ser único de cada quien y se reinvente la sociedad. En esta nueva sociedad existirá el poder de elección y de ser auténticos. Existirá sororidad entre las mujeres y se sumarán y apoyarán las unas a las otras sin juicios. Los hombres evaluarán la posición de privilegio en la que se encuentran y se darán cuenta de todo lo que ellos también están perdiendo por no compartir las posiciones de poder. Los roles sociales serán flexibles de acuerdo a la elección de cada integrante y no a las expectativas sociales. Por último, se entenderá que somos diferentes, pero a pesar de las diferencias, habrá igualdad de oportunidades y derechos.

Smashing Minds nos concierne a todos, como personas, donde la diversidad no solo abarca beneficios para las mujeres, si no, liberaciones también para los hombres, en donde todo se deconstruye en valorar y apreciar al otro, no importando si ese otro es de diferente género, sexo, raza, etnia, nivel socioeconómico, orientación sexual, religión, creencias, en fin, siempre seremos diferentes por el simple hecho de tener una mente distinta. Somos personas únicas y especiales y nuestros pensamientos se deben de respetar y apreciar.

Y así fue como se originó Smashing Minds como un catalizador que impulsa esta diversidad de pensamiento para dejar a un lado la otredad y darle la bienvenida a la inclusión.

Smashers, me estarán leyendo una vez por semana, regálenme un espacio en su mente y por favor déjenme sus comentarios.
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Has anyone ever decided for you? Has anyone disregarded your thoughts? Have you ever been blocked in the workplace because you are different than the rest? Have you experienced a feeling of not fitting into the roles established by society? Do you want to reinvent the world? If you answered yes to any of these questions, you’ll connect with Smashing Minds.

I am very excited because this is my first blog post for Smashing Minds. I am very proud to see that after many years of work and effort, Smashing Minds is now a reality.

In this blog you will find information on different topics related to diversity, which you will discover from time to time; but first, I want to begin by sharing with you what made me create Smashing Minds, as this story may help to create a connection between you Smashers, Smashing Minds, and me.

If I had to mention in a few words why I decided to create Smashing Minds, I would say: firstly, because I am a woman and a mother; secondly, because I experienced a continuous struggle between “the social expectations implicitly imposed in women” and my own expectations and desires; and finally, because invisible barriers that exist within society and organizations did not allow me to be who I am. I realized that in order to be able to be authentic, an integral transformation throughout society and organizations is required, but this transformation must emerge from people’s minds.

Having two adorable daughters, I decided to embark on this journey and try to invent a new society where my girls and the rest of the girls and women in Mexico can be who they want to be, without having to be limited by what is expected in a woman or by an established role. Even though this story initiated as a movement focused on women’s empowerment and growth, it ended as a movement involving everyone, women and men, in order to pursue prosperity for individuals and society.

I was inspired to do this project by my friends’ experiences as employees and also by my own. We were all attached to sticky floors that prevented us from growing within our organizations. The main reason was not poor performance, instead it relied in minds embedded into stereotypes and paradigms blocking our path and in being part of an unfairly disadvantaged minority, working mothers (Note: the concept of working parents is non-existent). I witnessed discrimination and inequality episodes which were justified by the ideology of caring and protecting women through a very subtle benevolent sexism, which may be equally or more harmful than hostile sexism.

However, this agony did not end in the workplace, but chased me out of it. The duality between being a mom and a professional continued to clash over and over again, developing a constant sense of guilt, mostly due to the lack of support in schools for working moms. On top of that, school hours are so reduced (especially at preschool level) that it may only allow half-day jobs (which are difficult to find). Moreover, schools’ series of frequent family events are held during working days and times. Again and again, these situations reaffirm how difficult it is to live this duality as a woman and encourage to live up to social expectations and supposedly “natural” roles.

Fully empowered, I decided to act and seek for a change, as Emma Watson (actress and activist) expressed in her inauguration speech at the “HeForShe” campaign organized by UN Women “If not me, who?, If not now, when? “(2014).

I then left the complaints and my financial career aside, to start studying and researching on diversity, gender, neuroscience, psychology, sociology, and other subjects and disciplines that I knew would help me move this world towards something better. I focused not only on women, but also on men, who regardless of their privileged situation, they are at a great disadvantage in expressing their feelings, in being responsible for maintaining their family’s economy and in occupying job positions that required hazardous tasks. I believe that social roles imposed on men are so heavy that it suffocates them, just imagine what it would feel like wearing a mask that represses feelings, missing family moments as consequence of working long hours, and ensuring your family’s economic welfare no matter what. Definitely, men also need a release of roles, prejudices, biases, paradigms and stereotypes to be able to breathe and live.

The more I learned and researched, the more I realized how immersed we were in this social game; however, I also understood that fixating stereotypes and biases is a process made automatically by our mind. Then, our duty is to detect this natural way of constructing stereotypes and prejudices to be able to smash them. We need to learn how our mind works to fight unconscious biases. But to achieve this, it is necessary to have easy access to information that may help in developing awareness and in encouraging people to take action towards the goal of transforming into a new society.

Consequently, Smashing Minds begins as a social movement that helps people being aware, in order to develop attitudes, conducts, and behaviors that encourage the value of uniqueness and the reinvention of society. This new society will be characterized by spreading the value of the power of choice and authenticity. Sorority among women who will join and support each other without any prejudice nor judgment will exist. Men will evaluate their privileged standpoint, and will realize all that they are giving up by not sharing positions of power. Social roles will be flexible and will adapt according to each person’s choice and not to social expectations. Finally, it will be understood that we are different, but despite the differences, people will have equal access to opportunities and rights.

Smashing Minds concerns us to all, since diversity not only includes benefits for women, but also liberations for men, since everything is deconstructed in valuing and appreciating the other, regardless differences in gender, sex, race, ethnicity, socioeconomic status, sexual orientation, religion, beliefs, as we will always be different by the simple fact of having a different mind. We are unique and special and our thoughts must be respected and appreciated.

This is how Smashing Minds became a catalyst that drives diversity of thinking to remove otherness and welcome inclusion.

Smashers, you will be reading me once a week, give me a space in your mind and please leave me your comments.

 

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