Momento de Unión- La Sororidad

Es momento que nos unamos como mujeres, como mexicanas y veamos las unas por las otras.

Decidí escribir este post después de que sucedieran algunos acontecimientos que han demostraron la vulnerabilidad de nuestro género que desafortunadamente ha sido heredada de nuestra cultura y sociedad. A pesar de que deberíamos de ser percibidas de la misma manera que los hombres, la realidad es otra. En esta realidad que vivimos, las mujeres tenemos una gran herramienta desaprovechada, la sororidad, la cual es un ideal que necesitamos perseguir todas las mujeres para poder contar con un escudo protector que nos ayude a enfrentar las injusticias y defender nuestros derechos.

El concepto de sororidad (sisterhood) nació alrededor de los años 70’s entre los movimientos feministas radicales en los Estados Unidos. Es un concepto que significa hermandad entre las mujeres. Esta hermandad se desarrolla al generar vínculos y unión entre las mujeres basados en la igualdad y solidaridad, al reconocer la vida, creencias y experiencias de las “otras” mujeres y al empatizar destruyendo prejuicios. La sororidad entiende que hay que buscar un bienestar general de la mujer.

Ahora, desde mi experiencia, ¿cómo he vivido la sororidad?

Les quiero contar cómo yo he experimentado la sororidad desde mi contexto y desde mi vida para ejemplificar cómo desde la vida de cada mujer se puede sentir y desarrollar la sororidad. Quiero resaltar que ésta es mi propia realidad y no quiero en ningún momento que resulte como algo generalizador ya que cada mujer vivirá una experiencia y un contexto distinto.

Como muchas mujeres, he atravesado diferentes etapas en mi vida. Quiero entonces mostrarles desde mi perspectiva cómo he vivido la sororidad en las siguientes etapas de:
– Mujer trabajadora: Mujer soltera y sin hijos que recibe un ingreso por su trabajo.
– Esposa trabajadora: Mujer casada y sin hijos que recibe un ingreso por su trabajo.
– Madre-esposa trabajadora: Mujer casada y con hijos que recibe un ingreso por su trabajo.
– Madre-esposa: Mujer casada y con hijos y se dedica a los cuidados sin ser remunerada.
– Madre-esposa emprendedora: Mujer casada y con hijos que recibe un ingreso por su trabajo como emprendedora.

Mujer trabajadora: Mujer soltera y sin hijos que recibe un ingreso por su trabajo.

Definitivamente siendo mujer trabajadora vives en una posición de privilegio frente a las mujeres esposas o madre-esposas. En esta etapa encuentras una menor discriminación en medios laborales y tienes la independencia y la autonomía suficiente para usar tus ingresos en lo que mejor creas conveniente.

Hace más de 10 años que viví esta etapa, pero recuerdo que nunca me cuestioné sobre si los problemas de las mujeres esposas y madre-esposas eran mis problemas, si sus derechos eran mis derechos y si la apertura de sus oportunidades iba a ser también la apertura de las mías. En este momento estaba tan metida en mi propia cosmovisión y en mi propio ser, que dejé de ver las necesidades de las demás y juzgué a otras que no compartían mi situación. Claramente no corría el concepto de sororidad en mí al existir una falta de empatía, solidaridad y hermandad hacia las demás.

Esposa trabajadora: Mujer casada y sin hijos que recibe un ingreso por su trabajo.

En esta etapa de esposa trabajadora sigue prevaleciendo una posición de privilegio frente a las madres o madre-esposas, pero en una menor proporción que aquella de la mujer trabajadora. La razón de esto es que las esposas trabajadoras empiezan a luchar contra los roles impuestos por la sociedad porque su trabajo es percibido como “opcional” ya que supuestamente tienen esposos capaces de mantenerlas por lo que se vuelven susceptible a ser juzgadas.

En esta etapa se empiezan a sufrir discriminaciones laborales ya que en ocasiones se prefiere recompensar a hombres casados por las responsabilidades implícitas que conllevan. El matrimonio representa en hombres una causa de crecimiento laboral mientras que en las mujeres una causa de estancamiento. Sin embargo, las esposas trabajadoras de igual forma pueden seguir experimentando una independencia y autonomía económica.

Cuando fui una esposa trabajadora, tenía completa empatía con otras mujeres trabajadoras pues ya había cruzado por esa etapa, pero también empecé a sentir más empatía por las madres y madre-esposas pues ya veía más cercano dar lo establecido como “el siguiente paso” del matrimonio, los hijos. Por esto último, creo que el sentimiento de sororidad empezaba a cruzar ligeramente por mi mente, pero seguía siendo prácticamente invisible.

Madre-esposa trabajadora: Mujer casada y con hijos que recibe un ingreso por su trabajo.

Momento crítico donde toda especie de sororidad está fuera de alcance. La madre-esposa trabajadora es la posición más castigada a nivel organizacional ya que sufre la mayor discriminación. Este rol de madre-esposa trabajadora va en contra de los roles sociales establecidos en la sociedad, incluso llegando a etiquetar a la mujer como “madre desnaturalizada” pues a pesar de tener la “opción” de dejar de trabajar y cuidar a sus hijos o hijas, decide no hacerlo, esto claro ante los ojos de unos cuantos.

En esta etapa me sentía completamente identificada con otras madre-esposas trabajadoras y estaba dispuesta incluso a lanzarme como toda una activista de los derechos de la mujer. Estaba convencida de que mis luchas eran las luchas del resto de mujeres incluso las del otro bando, las que eran madre y esposa sin trabajo remunerado, que en esos momentos desde mi lugar creía que “no hacían nada y sólo cuidaban hijos”. Pero dentro de mí, existía la esperanza de abrirles el paso a estas madre-esposas para que pudieran trabajar en algo de provecho pues erróneamente pensaba que los cuidados no generaban nada de valor.

Desde otro ángulo, empecé a percibir la escasez de sororidad en mi alrededor y me di cuenta que también las madre-esposas buscaban una salvación para las madre-esposas trabajadoras pues ante su mirada era esencial rescatar “los hijos descuidados” y liberar a las madre-esposas trabajadoras del “tener que trabajar”.

Sin duda, en este momento de mi vida que fue el primero en donde me pregunté ¿qué pasa con las mujeres? y ¿por qué no manifestamos en conjunto nuestra inconformidad?, me di cuenta de los mundos tan alejados que vivimos unas mujeres de otras y esto es sólo viéndolo bajo mi perspectiva y contexto, ahora imaginemos lo que habrá fuera de ello.

Madre-esposa: Mujer casada y con hijos y se dedica a los cuidados sin ser remunerada.

Cuando formé parte de esta etapa, comencé a comprender lo que realmente era la sororidad. El motivo fue que por fin entendí a todas esas madre-esposas y el trabajo no remunerado que hacen, así mismo tenía una perspectiva más amplia sobre los distintos momentos de la mujer, los beneficios y las desventajas.

Cuando fui madre-esposa y no recibía ninguna clase de ingreso empecé a cambiar radicalmente mi concepto de lo que implicaba y lo que era el trabajo no remunerado de los cuidados. Es increíble la cantidad de horas que se invierten en el tema de casa y cuidados y lo desvalorizado que es. En este momento logré conectar con este nuevo grupo de mujeres al cual pertenecía, pero al mismo tiempo empecé a defender a las madres trabajadoras (esposas o no esposas) frente a los juicios de otras mujeres. A pesar de que en mí nació por completo este sentimiento de sororidad, era una pena ver que en mi alrededor seguía invisible y algunas mujeres seguían divididas y velando por sus propios intereses. Me encantaría pensar que esto hoy en día es diferente, pero desde mi vivencia la división continúa.

Madre-esposa emprendedora: Mujer casada y con hijos que recibe un ingreso por su trabajo como emprendedora.

Finalmente, siendo madre-esposa emprendedora con tiempos flexibles es muy fácil conciliar las diferencias entre los diferentes grupos de mujeres y de valorar la importancia de la sororidad, sin embargo, esta hermandad entre mujeres es un valor difícil de difundir porque para vivirlo se debe ceder parte de la individualidad.

Y entonces, ¿qué podemos hacer para vivir en sororidad?

Sororidad es dejar juicios atrás y ser empática con la otra, es apoyarnos y cuidarnos como hermanas. Es romper con todas las etapas o barreras que cruzamos como mujer enfocándonos y estando conscientes que nuestra unión es nuestro género, no nuestro contexto o situación. Este único género tiene derechos particulares que nos competen a todas simplemente por el hecho de ser mujeres.

Necesitamos perder la individualidad y buscar esta colectividad y al lograr esta colectividad es como entenderemos nuestro género. Por ejemplo, recordemos movimientos feministas que lograron cosas como el derecho al voto, que hoy en día agradecemos el activismo de unas cuantas que su visión rebasó su propia individualidad y se concentró en la colectividad peleando por los derechos de las mujeres.

Debemos empezar cada una desde nuestro lugar, contagiando célula por célula de esta sororidad, pero ir creciendo hasta abarcar a todas las mujeres mexicanas en todos los contextos, velar por nuestros derechos y por nosotras, apoyarnos, cuidarnos, unificarnos y sentir a la otra como si fuera una misma. Esto es la sororidad, generar hermandad simplemente por pertenecer al mismo género. Creo que al lograr esta sororidad basada en el amor, respeto, igualdad y comprensión seremos capaces de terminar con la violencia, discriminación y la separación.

Y tú, ¿qué puedes hacer para vivir y contagiar sororidad?

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Los asuntos de las mujeres me pertenecen

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Quiero manifestar mi indignación y tristeza por los actos de violencia de género de los que hemos sido testigos. Nos está rebasando la inseguridad y la falta de libertad, pero en lugar de sentirnos impotentes creo que hay cosas que podemos hacer para mejorar este pesar. Empecemos por entender el origen de la violencia contra las mujeres que surge por el simple hecho de ser mujer.

Desde mi punto de vista, esta violencia es fruto de dos factores clave: género e impunidad.

Recordemos que género son los constructos sociales que determinan lo que es lo propio de una mujer y lo propio de un hombre. Algunos ejemplos de ello son que las mujeres se vistan de rosa y los hombres de azul, que las mujeres nacen para ser mamás y los hombres proveedores económicos de los hogares, que las mujeres no deben de salir solas de noche, que los hombres no deben llorar, que las mujeres deben de sacrificarse por amor, que los hombres deben mantener su honor y muchos ejemplos más que escuchamos día con día y que son culturales, aprendidos y perpetuos.

¿Pero cómo se explican las diferencias de género y la subordinación de las mujeres?

Las diferencias de género se pueden explicar desde diferentes posturas por ejemplo una de ellas es la tradicional. Esta postura menciona que la dominación masculina, la división del trabajo y los roles sociales son factores naturales que nacen de la diferencia entre la biología del hombre y de la mujer (hombres fuertes, agresivos, cazadores, guerreros; mujeres vulnerables, indefensas, débiles, madres, cuidadoras) (Lerner, 1990). Sin embargo, existen distintas investigaciones que han dado a conocer que los atributos de los hombres y de las mujeres varían entre culturas y sociedades por lo que las características femeninas y masculinas no podrían ser heredadas por la biología.

Por otro lado, la subordinación de la mujer se explica también por el patriarcado que es un sistema político, ideológico y social de opresión que está basado en el androcentrismo. En palabras muy sencillas el patriarcado se fundamenta en la idea de una “figura paterna” dominante, opresora, encargada del cuidado y protección de la mujer por percibirla débil e inferior. El androcentrismo (el hombre es el centro del mundo) respalda el patriarcado y prescribe normas androcéntricas, es decir, normas escritas por hombres y para los hombres.

Por todo esto, el trato de la mujer es distinto al hombre y somos percibidas como seres inferiores y subordinados. Las mujeres nos lo hemos creído y lo respaldamos. Por ejemplo, existen actos benevolentes en el patriarcado androcéntrico que a muchas mujeres en el fondo nos gustan como el cuidado y la protección de la mujer.

Sin embargo, desde esta inferioridad surge la hostilidad, la dominación, la opresión, la subordinación y el supuesto derecho y poder que los hombres tienen sobre nosotras. Todos estos atributos se pueden combinar con la crueldad, maldad e inseguridad de algunos hombres que solo están esperando encontrar alguna oportunidad de someter a mujeres a través de la violencia y la coerción. La violencia se ejecuta porque la mujer es tratada como objeto y sin valor como ser humano.

Y la impunidad, ¿qué papel juega?

Existen investigaciones que dicen que es más probable que las personas adopten una conducta o comportamiento (positivo o negativo) si saben que hay más personas que lo están haciendo (Bohnet, 2016; Cialdini, y otros, 2006; Cialdini, Reno, & Kallgren, 1990). Desde mi punto de vista, cuando se trate de comportamientos negativos las personas se podrían sentir menos culpables cuando otros u otras estén actuando de la misma manera.

Ha habido una difusión encarecida en los medios de comunicación sobre esta violencia de género, la cual me parece imprescindible porque no debemos de callar. Sin embargo, mi hipótesis la cual preocupa es que hombres perversos que buscan abusar de las mujeres se podrían sentir motivados a actuar al saber que también hay otros hombres ejecutando actos de violencia hacia las mujeres pues compartirían con ellos el sentimiento de culpa y delegarían responsabilidad moral. Si a esto se le suma, que existe completa impunidad de estos actos pues qué mejor para estos hombres criminales que aprovechar la oportunidad perfecta de cero castigo, pues no existe justicia penal alguna y se les quita un peso de encima al saber que no son los únicos cometiendo dichos crímenes. Claramente, si se difundiera en los medios de comunicación los castigos que existen de cero tolerancia hacia la violencia de género y se expresara el buen comportamiento y apoyo de muchos otros hombres, pienso que la violencia de género podría disminuir.

El problema de esta impunidad también es que está respaldada en normas androcéntricas y que algunos gobernantes piensan que este tema les pertenece solo a las mujeres. Aquí es donde nos perjudica que existan tan pocas mujeres en puestos de poder que puedan interceder por todas las de su género.

¿Qué podemos hacer nosotras y todos aquellos hombres feministas desde nuestra posición y lugar?

1. Educarse en género y dispersar esta educación a su alrededor. Motivar a que las escuelas y medios de comunicación lo hagan también.
2. Escoger conscientemente y detalladamente a quienes nos gobiernan, saber qué nos ofrecen y qué propuestas feministas tienen dentro de su agenda.
3. Cuidarnos entre las mujeres y recibir el apoyo de los hombres, buscar la sororidad y vivir en ella. Dejar juicios atrás, solidarizarnos y unirnos.
4. Empujar por la equidad de género para que las mujeres sean tratadas como personas y no como seres inferiores.
5. Manifestarnos en contra de la impunidad y a favor de la cero tolerancia hacia la violencia de género.

Sigamos manifestando nuestra inconformidad, pero de una manera proactiva para que cada quien ponga su granito de arena y así lograr un cambio en nuestro país. Éste es un tema personal que nos compete a todas y todos porque formamos este mundo y somos parte de él. La violencia de género no es un asunto aislado ni un hecho privado y no podemos ser indiferentes a ello por lo que debemos de actuar.

Instagram: @jimenacouste, Facebook: jcouste, & Twitter: @jcouste

Referencias
Bohnet, I. (2016). Shaping Norms. En I. Bohnet, What Works (págs. 245-246). London: The Belknap Press of Harvard University Press.
Cialdini, R. B., Demaine, L. J., Sagarin, B. J., Barrett, D. W., Rhoads, K., & Winter, P. L. (2006). Managing Social Norms for Persuasive Impact. Social Influence, 1, 3-15.
Cialdini, R. B., Reno, R. R., & Kallgren, C. A. (1990). A Focus Theory of Normative Conduct: Recycling the Concept of Norms to Reduce Littering in Public Places. Journal of Personality and Social Psychology, 58, 1015-1026.
Lerner, G. (1990). Los Orígenes. En G. Lerner, La Creación del Patriarcado (págs. 33-38). Barcelona: Editorial Crítica. Recuperado el 18 de Septiembre de 2017, de repositorio.ciem.ucr.ac.cr/bitstream/123456789/126/1/RCIEM109.pdf