Beneficios de una Nueva Masculinidad

Smashers, empiezo por desearles un buen inicio de año. Quiero arrancar este año con un blog post dedicado a las masculinidades ya que acaba de pasar diciembre que es un mes lleno de emociones y sentimientos, pero cuya expresión solo es permitida en las mujeres ya que en los hombres puede llegar a ser símbolo de debilidad.

Vivía en la ignorancia sobre las implicaciones de las masculinidades hasta que empecé a visibilizar situaciones que eran supuestamente “naturales”. Al lograr desnaturalizar conceptos y deconstruir las características de género es como las pude comprender. Voy a abordar la masculinidad[1] sin la intención de generalizar pues siempre habrá casos distintos y contextos diferentes. Escribo bajo mi propia experiencia y percepción de cómo yo he visto la masculinidad desde mi contexto y qué es aquello que considero se podría ganar con una nueva masculinidad.

La masculinidad hegemónica[2], es decir, la masculinidad modelo que prevalece en mi contexto, es aquella caracterizada por el hombre blanco, heterosexual, atlético, poderoso, fuerte, exitoso, valiente, inteligente, astuto y sobre todo aquel hombre que no está relacionado con alguna connotación supuestamente “femenina” como el trabajo en el hogar y en los cuidados, la expresión de emociones, sentimientos, y miedos, entre otros. Por ejemplo, patrones de hegemonía claros son estructuras e instituciones rodeadas de competencia y jerarquía como las competencias deportivas donde la destreza deportiva es una clara prueba de masculinidad (Connell, 2015).  Estas características son algunas que definen y que marcan de cierta manera la vida de los hombres y que los estructuran en un mundo rodeado por la competencia de alcanzar dicha masculinidad. Hay que tomar en cuenta que “aquellos que rechazan el patrón hegemónico tienen que luchar por encontrar una salida (o negociarla)” (Connell, 2015, pág. 67) para así poder ser aceptados, reconocidos y respaldados en la sociedad.

Considero que, en la lucha por la equidad de género ha faltado difundir con más ímpetu cuáles son las ventajas y beneficios que los hombres pueden obtener en esta misión. Los privilegios son invisibles para aquellos que los tienen, y si bien es cierto que existen privilegios por el hecho de ser hombre, también existen privilegios por el hecho de ser mujer. No voy a adentrar en quien tiene cuáles privilegios y quien tiene más privilegios, más bien me voy a concentrar en dos de los privilegios que tienen las mujeres que los hombres no. Los privilegios a los cuales me refiero son: a) la libertad en la expresión de sentimientos y de emociones; b) el respaldo social al dedicarse al cuidado de seres queridos.  

La fortaleza de los hombres se da por hecho.  Los hombres están construidos para sufrir sin poder llorar, disfrazando su angustia, sus miedos y sus ganas de decir “ya no puedo más” en estrés, pero muchas veces el reflejo en sus ojos no puede mentir. Viven en un mundo de competencia donde quebrarse implica una derrota porque tienen la necesidad de aparentar seguridad y fortaleza frente a su familia, amigos y las personas que los rodean. Pocos hombres tienen un confidente para expresar sus sentimientos. Viven en un mundo paralelo donde difícilmente abren sus sentimientos con su pareja, familia y amigos con tal de demostrar su masculinidad y de pretender tener todo bajo control en la carrera hacia el éxito. Están moldeados de tal manera que ante su perspectiva (y también ante aquella de algunas mujeres) la expresión de sentimientos es símbolo de debilidad. Los hombres pierden mucho al dejar de llorar empezando por no poderse desahogar y con ello poder sanar su alma.

Debemos reeducar a la sociedad y buscar la autenticidad, honestidad y sinceridad en los hombres en cuanto a la expresión de sus sentimientos y de sus emociones. En realidad, los hombres no es que sientan menos, o sean menos complicados, más bien es una fortaleza “fabricada” pues todas las personas tienen emociones, sentimientos y frustraciones, y tienen el derecho y la libertad de expresarlos. Las mujeres no es que seamos más sentimentales porque así nacimos, más bien, así se nos enseñó que podíamos ser.  La expresión de sentimientos no hace a las personas ni más ni menos hombre y ni más ni menos mujer, aunque ante los ojos de la sociedad desafortunadamente lo llegase a ser. ¡Qué pesado debe ser tener que mantener siempre una fortaleza y difícilmente poder rendirse y quebrarse! Pero es esta la forma en la que han sido educados, avergonzándose por toda aquella relación hacia características supuestamente “femeninas”.

Este es un gran privilegio que tenemos las mujeres, el poder llorar y expresar nuestros sentimientos, a pesar de que nos llamen chillonas, complicadas, berrinchudas, sentimentales, sensibles, o cualquier otra etiqueta que se nos atañe que juzgue la manera de expresar nuestros sentimientos. A pesar de todo ello, no cambiaría nunca la libertad de poder hacerlo.

El segundo beneficio que tenemos las mujeres es tener la “aprobación social” de dedicarnos al cuidado de seres queridos. La lucha de equidad de género se ha concentrado mucho en la repartición de los cuidados y en la división sexual del trabajo, pues dentro del patriarcado a los hombres se les fue asignado las posiciones de poder que generan dinero dentro del mundo capitalista (lo público) y a las mujeres se nos fue designado las tareas de cuidados (lo privado). Como principio, a ninguna persona se le debe de asignar un rol, más bien el rol que cada uno adquiera debe de ser un derecho de elección. Habrá personas que quieran trabajar en el medio laboral y habrá otras que prefieren ejercer trabajos de cuidados sean remunerados o no. Como personas tenemos que tener la opción sobre qué queremos hacer de nuestra vida sin que nuestra actividad sea comprometida por el sexo con el que nacimos.

El trabajo de los cuidados puede o no ser remunerado, pero desde mi punto de vista es gratificante y se compensa al tener la gran ventaja de ver a tus hijos crecer y de pasar la mayor parte con ellos, o a tus abuelos envejecer y poderlos acompañar en sus últimos días, o disfrutar a tus papas y estar con ellos cuando más te necesitan. Definitivamente este amor y conexión entre mamá-papá-hijos-familia es algo que llena el corazón y no debiera estar socialmente mal visto cuando hombres elijan hacerlo ni tampoco cuando las mujeres no lo elijan y prefieran dedicarse a trabajar en alguna organización, cada persona es única y tiene el derecho a elegir.

En este mismo tema, si se compartieran los cuidados entre hombres y mujeres también se compartirían las responsabilidades económicas por lo que se aligerarían cargas, estrés y frustraciones en ambos. Ahora, definitivamente se dice muy fácil y la realidad es que no lo es, pues hoy en día hacen falta medidas y políticas públicas y privadas que efectivamente permitan que las actividades del hogar y económicas de una familia puedan ser balanceadas y compartidas sin tener que sacrificar alguna responsabilidad.

Si no quedaba claro los hombres sí ganan en la equidad, es definitivamente un juego de ganar-ganar. Todos podemos ganar al tener la opción de elegir y no tener que cumplir con roles asignados no deseados ni con estereotipos impuestos para que seas “respetado” como hombre y “aceptada” como mujer. A pesar de que los hombres están en una posición de privilegio la cual es invisible, también tienen invisibilizado lo que podrían ganar al ceder parte de ese privilegio y al luchar por la equidad. Al reconocer los beneficios en la apertura al espacio emocional y al espacio privado, podrían ganar ser auténticos y vivir conforme a lo que sienten sin pretender ni encasillarse en estereotipos de género.

Hablando de una nueva masculinidad, el día de hoy ya vemos a hombres involucrados en el hogar y en su familia y que respaldan el crecimiento profesional y éxitos de su pareja. Por lo menos en mi alrededor, no he visto ninguna disminución en la hombría de aquellos que viven esta nueva masculinidad, al contrario, he visto un goce personal al estar con sus hijos y su familia y una conexión emocional que a lo mejor muchos otros no experimentaron. Espero que día a día esta nueva masculinidad trascienda para que aquellos que la vivan puedan ser quienes inauguren políticas públicas y prácticas empresariales que la respalden y que incentiven la responsabilidad compartida y roles flexibles entre hombres y mujeres para poder así lograr un mundo de equidad.

Smashers sinceramente, ¿no les encantaría repartir tiempos para estar en casa con sus hijos y repartir carga económica?; ¿se sentirían liberados al expresar cualquier clase de sentimiento y emoción?; ¿les gustaría olvidar tener que encajar en un molde social, dejar de lado la competencia y ser capaces de reconocer fracasos?; ¿viven en paz según la forma en cómo les enseñaron que se debían comportar?; ¿son auténticos o actúan conforme a lo que se espera de ustedes?; ¿imaginemos que no existieran los prejuicios, se comportarían igual?; ¿las mujeres respaldan esta masculinidad?; ¿cómo queremos vivir?; ¿cómo queremos educar y qué le queremos enseñar a nuestros hijos e hijas?.

Necesitamos reflexionar sobre nuestras limitaciones como humano, sobre cómo estamos formulados para crear historias de los demás muchas veces afirmando una realidad que no es la nuestra y emitimos prejuicios. Sin embargo, este nivel de conciencia de nuestras limitaciones como humanos lo tenemos que trabajar y propagar para evitar que tanto hombres como mujeres tomemos decisiones sobre el otro, sobre su cuerpo y sobre su mente cuando no hemos experimentado su propia realidad. Todo esto se resume en que como humanos tenemos que dejar vivir la autonomía, demostrar respeto, ser empáticos y reconocer al otro como persona y abrirnos a un mundo de diversidad. Podemos desde cierta forma ser influenciados o impactados por decisiones de otros, sin embargo, las experiencias y mente de cada persona son distintas y la forma de vivir le pertenece a cada quien.

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[1] La masculinidad es una construcción social sobre cómo deben de ser y cómo se deben de comportar los hombres y sólo existe en contraste con la feminidad. Está ligada al poder y la resistencia al cambio se podría explicar por esto mismo (Connell, 2015) . “La masculinidad no es solo una idea de alguien ni una identidad personal. Se extiende a lo largo de todo el mundo y se mezcla con relaciones sociales” (Connell, 2015, pág. 58), es decir, existen múltiples masculinidades y varían según cada contexto.

[2] La masculinidad hegemónica es aquella forma de masculinidad aceptada socialmente, es decir, una masculinidad “modelo” que prevalece y que domina a otras masculinidades y es variable de acuerdo a los contextos y al tiempo (Connell, 2015).

Referencias

Connell, R. (2015). Masculinidades (2° edición en español ed.). México: Universidad Nacional Autónoma de México Programa Universitario de Estudios de Género.