Los asuntos de las mujeres me pertenecen

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Quiero manifestar mi indignación y tristeza por los actos de violencia de género de los que hemos sido testigos. Nos está rebasando la inseguridad y la falta de libertad, pero en lugar de sentirnos impotentes creo que hay cosas que podemos hacer para mejorar este pesar. Empecemos por entender el origen de la violencia contra las mujeres que surge por el simple hecho de ser mujer.

Desde mi punto de vista, esta violencia es fruto de dos factores clave: género e impunidad.

Recordemos que género son los constructos sociales que determinan lo que es lo propio de una mujer y lo propio de un hombre. Algunos ejemplos de ello son que las mujeres se vistan de rosa y los hombres de azul, que las mujeres nacen para ser mamás y los hombres proveedores económicos de los hogares, que las mujeres no deben de salir solas de noche, que los hombres no deben llorar, que las mujeres deben de sacrificarse por amor, que los hombres deben mantener su honor y muchos ejemplos más que escuchamos día con día y que son culturales, aprendidos y perpetuos.

¿Pero cómo se explican las diferencias de género y la subordinación de las mujeres?

Las diferencias de género se pueden explicar desde diferentes posturas por ejemplo una de ellas es la tradicional. Esta postura menciona que la dominación masculina, la división del trabajo y los roles sociales son factores naturales que nacen de la diferencia entre la biología del hombre y de la mujer (hombres fuertes, agresivos, cazadores, guerreros; mujeres vulnerables, indefensas, débiles, madres, cuidadoras) (Lerner, 1990). Sin embargo, existen distintas investigaciones que han dado a conocer que los atributos de los hombres y de las mujeres varían entre culturas y sociedades por lo que las características femeninas y masculinas no podrían ser heredadas por la biología.

Por otro lado, la subordinación de la mujer se explica también por el patriarcado que es un sistema político, ideológico y social de opresión que está basado en el androcentrismo. En palabras muy sencillas el patriarcado se fundamenta en la idea de una “figura paterna” dominante, opresora, encargada del cuidado y protección de la mujer por percibirla débil e inferior. El androcentrismo (el hombre es el centro del mundo) respalda el patriarcado y prescribe normas androcéntricas, es decir, normas escritas por hombres y para los hombres.

Por todo esto, el trato de la mujer es distinto al hombre y somos percibidas como seres inferiores y subordinados. Las mujeres nos lo hemos creído y lo respaldamos. Por ejemplo, existen actos benevolentes en el patriarcado androcéntrico que a muchas mujeres en el fondo nos gustan como el cuidado y la protección de la mujer.

Sin embargo, desde esta inferioridad surge la hostilidad, la dominación, la opresión, la subordinación y el supuesto derecho y poder que los hombres tienen sobre nosotras. Todos estos atributos se pueden combinar con la crueldad, maldad e inseguridad de algunos hombres que solo están esperando encontrar alguna oportunidad de someter a mujeres a través de la violencia y la coerción. La violencia se ejecuta porque la mujer es tratada como objeto y sin valor como ser humano.

Y la impunidad, ¿qué papel juega?

Existen investigaciones que dicen que es más probable que las personas adopten una conducta o comportamiento (positivo o negativo) si saben que hay más personas que lo están haciendo (Bohnet, 2016; Cialdini, y otros, 2006; Cialdini, Reno, & Kallgren, 1990). Desde mi punto de vista, cuando se trate de comportamientos negativos las personas se podrían sentir menos culpables cuando otros u otras estén actuando de la misma manera.

Ha habido una difusión encarecida en los medios de comunicación sobre esta violencia de género, la cual me parece imprescindible porque no debemos de callar. Sin embargo, mi hipótesis la cual preocupa es que hombres perversos que buscan abusar de las mujeres se podrían sentir motivados a actuar al saber que también hay otros hombres ejecutando actos de violencia hacia las mujeres pues compartirían con ellos el sentimiento de culpa y delegarían responsabilidad moral. Si a esto se le suma, que existe completa impunidad de estos actos pues qué mejor para estos hombres criminales que aprovechar la oportunidad perfecta de cero castigo, pues no existe justicia penal alguna y se les quita un peso de encima al saber que no son los únicos cometiendo dichos crímenes. Claramente, si se difundiera en los medios de comunicación los castigos que existen de cero tolerancia hacia la violencia de género y se expresara el buen comportamiento y apoyo de muchos otros hombres, pienso que la violencia de género podría disminuir.

El problema de esta impunidad también es que está respaldada en normas androcéntricas y que algunos gobernantes piensan que este tema les pertenece solo a las mujeres. Aquí es donde nos perjudica que existan tan pocas mujeres en puestos de poder que puedan interceder por todas las de su género.

¿Qué podemos hacer nosotras y todos aquellos hombres feministas desde nuestra posición y lugar?

1. Educarse en género y dispersar esta educación a su alrededor. Motivar a que las escuelas y medios de comunicación lo hagan también.
2. Escoger conscientemente y detalladamente a quienes nos gobiernan, saber qué nos ofrecen y qué propuestas feministas tienen dentro de su agenda.
3. Cuidarnos entre las mujeres y recibir el apoyo de los hombres, buscar la sororidad y vivir en ella. Dejar juicios atrás, solidarizarnos y unirnos.
4. Empujar por la equidad de género para que las mujeres sean tratadas como personas y no como seres inferiores.
5. Manifestarnos en contra de la impunidad y a favor de la cero tolerancia hacia la violencia de género.

Sigamos manifestando nuestra inconformidad, pero de una manera proactiva para que cada quien ponga su granito de arena y así lograr un cambio en nuestro país. Éste es un tema personal que nos compete a todas y todos porque formamos este mundo y somos parte de él. La violencia de género no es un asunto aislado ni un hecho privado y no podemos ser indiferentes a ello por lo que debemos de actuar.

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Referencias
Bohnet, I. (2016). Shaping Norms. En I. Bohnet, What Works (págs. 245-246). London: The Belknap Press of Harvard University Press.
Cialdini, R. B., Demaine, L. J., Sagarin, B. J., Barrett, D. W., Rhoads, K., & Winter, P. L. (2006). Managing Social Norms for Persuasive Impact. Social Influence, 1, 3-15.
Cialdini, R. B., Reno, R. R., & Kallgren, C. A. (1990). A Focus Theory of Normative Conduct: Recycling the Concept of Norms to Reduce Littering in Public Places. Journal of Personality and Social Psychology, 58, 1015-1026.
Lerner, G. (1990). Los Orígenes. En G. Lerner, La Creación del Patriarcado (págs. 33-38). Barcelona: Editorial Crítica. Recuperado el 18 de Septiembre de 2017, de repositorio.ciem.ucr.ac.cr/bitstream/123456789/126/1/RCIEM109.pdf